viernes, 19 de febrero de 2016

Nº 18 bis - ANEXO: EL MAZINGER DE JOSÉ LUIS MUÑOZ LUQUE

En la abundante iconografía que ha ido surgiendo durante los años posteriores a los distintos momentos de las emisiones originales de Mazinger Z, nos encontramos de vez en cuándo con obras especialmente notables, que llaman la atención por su factura, por el soporte en que están hechas, por el trabajo y la inspiración imaginables, por el tamaño...o por todo ello junto. El caso es que, como ya afirmé en el artículo del que este es anexo, sería una tarea sin fin recabar todas esas manifestaciones por numerosas, por inacabables casi, pero no está de más y es un placer contemplar detenidamente una de ellas y preguntarse quién está detrás...

Cuando el imponente trabajo de José Manuel Liébana mostró, renderizado y texturizado, a Mazinger Z caminando sobre la Gran Vía madrileña, no existía este blog. No obstante, su obra, instantáneamente popular, dejó sin palabras, o generó tal alud de comentarios, que ya no es necesario añadir mucho más. Esta obra tan profesional , accesible artísticamente solo a los que dominen  los procesos informáticos para crearla, conectó con el gusto de la nueva revolución técnológica, además de con la expresión de una gran inspiración y se hizo con un lugar especial en el torrente artístico inspirado por el robot de Kabuto.



Hoy me propongo acercarme un momento a técnicas más tradicionales, a otra de esas obras que plasman al gigante fotoatómico en un cuadro tradicional, que logró concentrar mi atención en el momento en que reunía obras de todo tipo para el collage de muestra de la explosión artística multiforme, que tan resumidamente cierra la primera parte de mi libro... Se lo merecía, y además quería contestar a las preguntas que sobre ella me hacía en él. De nuevo, el buen talante y la generosidad han posibilitado que su autor me hablara de ese cuadro sobre nuestro robot en particular, y de su arte en general. 

Este anexo sobre el FAN ART sobre el robot más famoso lo protagoniza el Mazinger de José Luis Muñoz Luque.


El artista

 


José Luis Muñoz es un pintor cordobés con suficiente trayectoria como para ser considerado un artista más que consagrado, con un estilo que revela su carisma concreto.

Ha conseguido vivir de su arte, que no es poco, y su estudio se llena de alumnos. Vive para ese arte, y pasa mucho de su día entre los materiales de su espacio de trabajo. Es de los artistas que necesitan ensuciarse las manos con las pinturas, con las mixturas, con los materiales en general, en una relación  con sus obras que no solo resulta orgánica, sino que, según sus afirmaciones, tiene que serlo








En ese sentido, su trabajo sería, de alguna forma, la antítesis del realizado de forma virtual con ayuda de la informática, como en el caso de Liébana. Como todos los artistas reseñados en la publicación anterior, es primero dibujante que otra cosa. Y muy bueno. Todo lo que venga después de su cuidado y sabio dibujo será ya la marca de la casa, el vestido final con el que arropa su obra. Un poco como los animadores de una serie de dibujos. Y no van muy lejos los tiros respecto de esta última comparación, pues una de las fuentes de su inspiración es la cultura pop, en la que bebe para empapar de ella las formas, el color y el acabado. 
En su página web, define certeramente y de un plumazo que sus influencias llevan finalmente a una mezcla entre el Renacimiento y el cómic adulto.

Pensemos en un héroe o dios mítico de la antigua Grecia, que es patrimonio cultural de occidente entero, patrimonio antiguo. Vistámosle después y entre otras cosas, de mirada, ademán, color y trazos del cómic más trabajado y artístico, y tendremos como resultado una resurrección más del mito, bajo nuevas formas. 

Ya sea el alado Ícaro, las musas; ya sean los ángeles de la tradición semita ( la otra mitad de nuestro acerbo cultural) , todo se viste de formas que nos suenan desde las poses y miradas de las mejores viñetas. Sea también Conan el Bárbaro, Alicia y los habitantes el país de las maravillas; sean los modernos mitos de la literatura, de la gran pantalla, nuestros nuevos clásicos colectivos... todo se une bajo formas y colores que mezclan técnicas clásicas de color -tan clásicas como la aplicación de pan de oro como fondo, a la manera de tantas Madonnas renacentistas- teniendo de fondo un dibujo sabiamente delineado, que trae a la mente el  del anatomista  Da Vinci. 

Mosaico con algunas de las obras de Muñoz...

El gusto por los detalles,  que muy a menudo son guiños al espectador, hace el resto.
No busca el realismo de una fotografía, aunque su obra sea decididamente figurativa. Sus pinturas son, eso "pinturas" ese pequeño mundo encerrado en los límites cuadrados o rectangulares que solemos colgar de los muros.  Del grabado más clásico a la composición más dinámica, se recrean los temas desde técnicas parecidas a las de antaño, pero con un resultado muy nuevo.

En sus obras hay diversos niveles de lectura. Detrás de la primera vista, hay capas que revelan significados ocultos, detalles que son guiños para el conocedor, significados paralelos a los evidentes... 


Mundo Pop


Antes de echarle vistazos al cuadro de Muñoz sobre nuestro querido robot, veamos unas pinceladas (nunca mejor dicho) que contestan -además de la razón principal, su relación personal con él, que enseguida veremos-, a la pregunta sobre la temática especial, el estilo y la iconografía que le llevó a retratarlo...

José Luis es, fue, un niño que creció con los cuentos, la series de televisión y las películas de aquella numerosa parte del baby boom que creció en los años 70 del pasado siglo. El ser de esa hornada le dejó huella a tantos... 

 











De modo que no nos extrañe que en el bosque del tierno y terrorífico icono infantil Caperucita Roja, aparezcan un par de transportes acorazados AT-AT, provenientes del universo de El Imperio Contrataca, retratados a partir de maquetas, es decir, con un trabajo que recuerda al que fue necesario para hacer aquellas escenas de la nombrada película-ícono.

No nos extrañe tampoco que imagine la adolescencia de Han Solo, con su Halcón Milenario de fondo (que ya sabemos los frikis que sería una imagen imposible, ya que lo ganó ya de adulto en una apuesta contra Lando Calrissian). No importa, pues no pretende ser una narración, sino un símbolo, un icono y sobre todo un guiño que lleve al espectador a conocer la identidad del muchacho... 

No nos extrañe ver un crash-test-dummy como compañero de una niña que mira al horizonte de una ciudad fantástica de antiguas reminiscencias, ni un retrato psicológico de Rei Ayanami, sí, la de Neon Genesis Evangelion, o del mismo Shinji Ikari o una recreación a grafito del paisaje retro-futurista de Blade Runner... Mitos y manga (como generador de nuevos mitos) se mezclan sin problemas.




 





Y no nos debe extrañar pues la obra de este cordobés hace realidad ver sobre un cuadro, sobre lienzo o tabla, con veladuras de temple y acrílico, para acabar con óleo la base que supuso un cuidado y detallado dibujo de grafito inicial...o sea, en un cuadro clásico, unos cuántos de los más icónicos personajes de la reciente cultura pop audiovisual, a los que se le ha dado la pátina simbólica y el contenido trascendente que tienen desde hace siglos los mitos griegos, que también retrata, esta vez como personajes del más cuidado cómic de autor, poniéndo los primeros a la  altura de estos últimos. Doble juego. Juego Doble.







Mazinger Z según José Luis Muñoz



José Luis fue un niño del 78. Uno más. Compartimos él y yo la gran suerte de haber tenido esa edad en que uno ya no es tan pequeño, aunque siga siendo un niño, en el momento exacto en que descubrimos la novedad impactante que supuso Mazinger en la tele...   Un momento hacía los nueve años    ( no seis ni siete, ni diez ni doce)...

Fue pues, uno más de los que dibujó y dibujó al héroe mecánico, y más siendo un crío con actitudes ( y aptitudes), artísticas. No es distinto de los que crearon sus propios diseños de brutos mecánicos, algunos de los cuales pueden estar aún escondidos por ahí en algún rincón, enmedio de otros trastos, en la que hoy es ya solo casa de sus padres. Recuerda haberse quedado embobado con los créditos finales de la serie, cuando Mazinger salía tal como era por dentro y se prometió a si mismo ser un genio dedicado a la cibernética en el futuro...pero venció su intuición artística.

Una evolución tardía de aquellos dibujos infantiles de Mazinger, pero esta vez en gráfito y óleo sobre tabla,  es el cuadro que nos ocupa. Una evolución que tiene mucho más contenido del que cabría esperar de la mera recreación, en su estilo, del robot luchador.


Lo pinta con todo detalle, solo su cabeza, acribillada por mil batallas ...y por los efectos del tiempo: Muñoz imagina una historia, un contexto, que no es "contemporáneo" a la historias de la serie en los 70:



Lo sitúa muchos años después de aquellos meses de la infancia, en algún momento mucho más cercano o coetáneo al del pintor hoy, más de 30 años después, y el niño que coprotagoniza el cuadro (aquel que me hacía preguntarme en mi libro si era una recreación del pintor en su infancia, o su hijo), es un nuevo piloto, el heredero de Kabuto, que no  Shiro, puesto que el casco que sujeta tiene escrito "M. Kabuto" , cosa que hace que muchos imaginemos más bien al hijo, al descendiente directo del mítico piloto original... 

Volvemos a ver aquí que sus obras no son retratos -no podrían serlo en sentido estricto, si son siempre mitos los retratados en su obra, siempre interpretables en su "realidad" , -en todas las acepciones de lo fictício-, sino reinvenciones con otra historia detrás, sea previa (eso que llaman "precuelas", pero estáticas) o futura, es decir, continuaciones personales de la historia del nuevo mito. Este M. Kabuto, que Muñoz imagina en la nómina de pilotos de Nerv (Evangelion) se dispone a volver a pilotar al héroe mecánico, en una pose de mirada perdida y trascendente, que hace adivinar nuevas aventuras épicas del robot. Con ese cruce de series, lo integra en las evoluciones del genero mecha a lo largo de los años. José Luis Muñoz se apropia del mito infantil de la generación a la que pertenece y lo hace pervivir, lanzándolo hacia el futuro desde su cuadro.


Insisto en que no es un cuadro más de Mazinger Z, hay algo más. 
Así como José Manuel Liébana innovó con el espacio en que situó a su Mazinger, poniéndolo a interactuar con un escenario real existente y contemporáneo, es decir, en el espacio, Muñoz Luque lo trasfigura en el tiempo, imaginando una continuación a la vieja historia, a la manera en que se ha rescatado recientemente la vieja trilogía de Star Wars, o, como la conocimos de niños, La Guerra de las Galaxias, de la que suelen ser fans también aquellos que lo son de Mazinger Z. Bendito el momento exacto de nuestro nacimiento...


Los detalles de la obra revelan algo la reminiscencia de aquella fascinación infantil por las interioridades robóticas del coloso. Vemos un gran ventilador en la rejilla del huracán corrosivo, remaches entre las placas, marcas de óxido, pintura dañada... 

Pero lo que vemos aparecer es, sobre todo, un mito personal, ligado a las vivencias del artista y de muchos de los potenciales espectadores de la obra, no cómo el mito del malogrado hijo de Dédalo, que se relaciona con el artista por pertenecer lejanamente a nuestra identidad cultural. El pintor retrata emocionadamente algo que en su fuero interno ha "vivido", un recuerdo al que se da nueva presencia virtual, como la de todos los mitos.


No puedo por más que desear que haya otros cuadros que quieran seguir la historia. Pero, aunque no los hubiera, este ya es una realidad que nos mira, como los ojos de la Mona Lisa/Gioconda. Solo que la historia que tiene detrás y proyecta al presente y al futuro tiene mucho más que ver con nosotros que la mujer de Francesco del Giocondo.

El imaginado descendiente de Kabuto, con rasgos de niño occidental, mira al vacío del futuro y consagra como nuevo mito cultural a un robot de la tele de hace mucho. Imagina y hace imaginar nuevas aventuras, que trascienden la anécdota audiovisual de 1978 y la solidifican en algo más íntimo y ya mítico, por la gracia del arte.




Para más y mejor sobre la obra de J.Luis Muñoz Luque, visitad : www.jlmunoz.com




PRÓXIMAMENTE: REIKO OKUYAMA, UN CASO SINGULAR




2 comentarios:

JOSE LUIS MUÑOZ LUQUE dijo...

Jesús, ufff me dejas sin palabras para describir lo que me ha emocionado tu artículo. Has acertado tanto en la descripción de los sentimientos de los que disfrutamos dibujando nuestros héroes en la época en que nació Mazinger... Sólo te diré aquí MUCHAS GRACIAS, pero de corazón

Willarmand dijo...

No puedo dejar de ver lo detallado, sobretodo del robot, que quizas, ni el creador de Mazinger, lo imagino asi. Es magnifico y como lo narras tambien. El blog y su contenido, impecables, simplemente inigualable. Saludos.